Sociograma: Identidad, retrato y diálogo en la escuela.
La elaboración de este sociograma me ha permitido cartografiar la red de relaciones, apoyos y tensiones que atraviesan la escuela al plantear un proyecto de arte y educación centrado en la identidad, el retrato y el diálogo. Representar gráficamente el mapa de agentes, diferenciando mediante códigos de color las líneas de Apoyo (verde), Transformación(naranja), Tensión (rojo discontinuo), Influencia/Poder (azul discontinuo) y Participación activa (flecha verde gruesa)me situó en una posición diferente frente al territorio escolar. Este ejercicio me trasladó de una visión teórica lineal a una comprensión no lineal del contexto, revelando que la identidad del alumnado no se construye de forma aislada, sino bajo la presión de la cultura visual (redes sociales y modelos de belleza hegemonizados) y en permanente diálogo con su entorno comunitario.
Para aproximarme a este contexto combiné diversas metodologías de indagación: la revisión de la documentación institucional del centro escolar, el análisis crítico de la bibliografía de la asignatura y la observación indirecta de las dinámicas de interacción de los jóvenes con las imágenes digitales. Este proceso de escucha me permitió constatar cómo la cultura visual opera como una fuente de tensión permanente que impacta en la autopercepción y en las relaciones interpersonales.
De cara a las siguientes fases, el contexto demanda superar la mera recepción pasiva de contenidos. Se requiere la creación de espacios seguros donde el alumnado pueda cuestionar de forma crítica las representaciones visuales que condicionan su autoconcepto. Por ello, las metodologías planteadas (líneas de trabajo del sociograma) abarcan el autorretrato, el retrato del compañero, la conversación dialógica, la escucha activa y una exposición final. A través de estas prácticas, la acción transformadora proyectada (flecha naranja) aspira a fomentar el pensamiento crítico, el reconocimiento del otro, el sentido de pertenencia y la mejora de la convivencia, garantizando que los estudiantes operen como agentes activos que opinan, deciden y construyen significado compartido.
Finalmente, el debate síncrono con mis compañeros aportó reflexiones fundamentales que enriquecieron esta propuesta. Discutimos la necesidad de que la mediación artística evite condicionar directamente la producción de los estudiantes para no condicionar su proceso creativo con la mirada o el juicio del docente. Incorporé la conveniencia de activar un equipo de trabajo híbrido (artista-educadora, profesorado de artes y tutor/a) enfocado en la facilitación, asegurando un acompañamiento que proteja la autonomía expresiva del alumnado y garantice la sostenibilidad del proyecto dentro de la estructura formal del centro.


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