PEC 2: SÍMBOLO – CONTEXTO CULTURAL Y REFERENCIAS

Pública

El espejo, el reflejo y la imagen han sido temas recurrentes en el arte desde tiempos remotos. Como en los cuentos de hadas, aparece esa frase célebre: “Espejito, espejito, dime quién es la más bella”. Una frase creada para alimentar la mirada de una mujer que teme envejecer frente a un espejo que le exige envidiar y destruir la belleza de otra más joven. Nos han enseñado durante generaciones que una mujer, al llegar a la madurez, no es más que una flor marchita.

Todo el contexto histórico, social y cultural que rodea al espejo está cargado de misticismo y magia. Por eso, mi constelación no podía dejar de formar parte de ese mismo reflejo.

Las primeras palabras que anoté alrededor de mi semilla son términos que se enlazan con mi vida, hilando mis pensamientos como una telaraña: perfecta, pero frágil.

La idea de mi proyecto no oculta la realidad que me atraviesa desde hace años: la lucha contra una “enfermedad” que me devora por dentro y por fuera, el tiempo, y la presión que implica verlo avanzar ante mi mirada y la de los demás. Mi semilla revela en voz alta cómo la sociedad influye en la visión que una misma construye (y destruye) constantemente de sí.

Mi constelación nace de una introspección profunda, desde mi experiencia como mujer afectada no solo por el paso del tiempo, sino también por las exigencias que la sociedad impone: ser una “buena mujer”, un ser perfecto, siempre pendiente de su imagen. Es una mirada hacia mi interior que se refleja en mi semilla, atravesada por la mirada de los espectadores de un contexto social, histórico y cultural que obliga a la mujer a sostener una perfección imposible.

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